dilluns, 10 d’abril de 2017

MIL QUINIENTOS TRECE

Yo era la envidia de mis hermanos. Mi tamaño despertaba suspiros y mi reflejo hacía que hasta el Sol me devolviera la mirada.

Mi viaje recién empezaba y en los siete mares ya se me conocía como "el insumergible".

Surcaba las frías aguas del Océano Atlántico sin importarme el destino. La gloria, mi principal anhelo.

Sin embargo, la noche del catorce de abril de mil novecientos doce me sorprendió un gigante de hierro meciéndose grácilmente abrazado por las olas, como dos viejos amantes.

Envidia...

Ira...

Sin pensarlo, le asesté un glacial abrazo.

Siguió navegando.

En poco más de tres horas sucumbió.

Mi dicha se esfumó al saber la carga que llevaba y el triunfo me supo amargo.

Mi narcisismo se vio recompensado y ahora soy el iceberg más famoso del mundo.

Mis hermanos ahora me llaman mil quinientos trece, recordándome así las vidas que mi ego arrastró al gélido océano.

Atabus


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